El lugar seguro de un bebé

Artículo de opinión

El contacto continuo entre una madre y su recién nacido es una necesidad fundamental. Cuando este vínculo se ve interrumpido, los sistemas de alerta del bebé se activan, sintiendo una sensación de peligro. Desde el nacimiento, el instinto del bebé le dice que su supervivencia depende de la presencia materna; no comprende conceptos de lugares seguros y, al darse cuenta de la ausencia de ese contacto, responde llorando.

Sin embargo, es crucial reconocer que las necesidades emocionales no son exclusivas del bebé; también afectan a la madre. La principal inquietud de una madre es asegurarse de que su bebé está bien. Así, si el bebé requiere contacto constante, la madre busca proporcionárselo. En el período postparto, especialmente delicado, las madres deben atender sus instintos, intuición y corazón.

Comprender cómo la proximidad y el contacto físico impactan en el bienestar emocional del recién nacido es fundamental en los primeros días de vida. El contacto físico continuo favorece el neurodesarrollo, liberando hormonas como la oxitocina, asociada con bienestar y felicidad. La falta de este contacto activa sistemas de alarma, liberando adrenalina, una hormona neurotóxica que afecta al desarrollo neurológico del bebé. Cuidar la salud mental, física y emocional de la madre es crucial, ya que su bienestar influye directamente en el del bebé.

Para abordar estas necesidades, el porteo surge como una técnica valiosa, cubriendo las necesidades tanto del bebé como de la madre. El contacto físico brinda al bebé un entorno seguro para su desarrollo, un proceso autorregulado que respeta sus ritmos. Es esencial que el porteo sea respetuoso con el cuerpo en crecimiento del bebé y con el de la madre.

Fomentar el vínculo madre-hijo es esencial, ya que este sirve de modelo para futuras relaciones del bebé. Portear se convierte así en una contribución para crear un mundo mejor, más amable y amoroso.

Isabel Gómez & Noelia Ortells

Centro de Maternidad Albabia